Mexicali.- Este lunes, la Dirección de Seguridad Pública Municipal de Mexicali despidió con honores al subcomandante Roberto Méndez Arreola, asesinado la noche del 14 de julio en un ataque premeditado frente a su domicilio, la ceremonia se realizó en el Monumento al Oficial Caído, en presencia de mandos, compañeros, familiares y autoridades civiles y militares. Lo que se vivió no fue solo un homenaje, fue un acto de duelo colectivo, de luto en la corporación policial.
El féretro fue escoltado por compañeros de tránsito municipal quienes le abrieron paso hasta llegar a la base del monumento, flanqueado por una guardia de honor que mantenía la formación en silencio.

En el ambiente, el respeto no se pronunciaba, se sentía; las miradas de los agentes, fijas al frente, comenzaron a humedecerse conforme avanzaba la ceremonia. Nadie rompió filas, pero el dolor se filtraba en los ojos, en los puños cerrados, en el leve temblor del mentón de más de uno.
Una salva de disparos se elevó al cielo, cada detonación fue una palabra no dicha, un adiós contenido, un reclamo a la justicia que aún no llega, seguido del ulular de las sirenas de las patrullas que resonaron al unísono, como una llamada solemne de despedida.

“Descanse en paz, hermano, padre, esposo, amigo… tu turno ha terminado”, para que el peso de la ausencia se sintiera en cada rincón; fue la última llamada, la que sólo se pronuncia para quienes mueren en servicio.
La alcaldesa Norma Bustamante transmitió la solicitud de Kezia, esposa del subcomandante, para que el cuerpo de su esposo sea cremado, a su lado, la pequeña Allison observaba en silencio, sin comprender del todo, pero abrazada por la institucionalidad que ese día intentó, al menos por un momento, protegerla.

”Para mí lo más importante es que se haga justicia, para que no sigan sucediendo esta clase de cosas, que quede muy claro, él no está coludido con nadie, ya está investigado, por eso le pasó lo que le pasó porque no tenía nexos con nadie”, reafirmó con dureza Kezia, quien entre el dolor no retrocede.
A su lado, su pequeña hija, Allison, presenció el homenaje a quien hasta hace unos días la esperaba en casa para decirle “te amo mucho, hija”, como recordó el director de Seguridad Pública, Luis Felipe Chan, quien también recordó que apenas horas antes del crimen, Méndez había asistido a la reunión de mandos, sin mencionar temor alguno.

Méndez Arreola fue despedido como lo que fue: un mando operativo, respetado, eficaz. Su nombre ya forma parte de la memoria de una institución que se resiste a ceder ante la violencia.


