Mexicali. – En la sala 6 del Centro de Justicia, el periodista Jorge Heras no habló solo como víctima de lesiones o amenazas, habló como periodista, como testigo de su tiempo y como representante de una profesión que en Baja California se enfrenta, cada vez más, a la violencia y a la censura.
“A raíz de esta agresión se dio un acto y se consumó un acto de censura. Yo no pude hacer mi trabajo ese día. Justamente ese día, íbamos a hablar sobre temas de corrupción policial ligadas por la Policía Municipal y la Fuerza Estatal de Seguridad”, declaró.

Heras explicó que la agresión ocurrió justo cuando iba a abordar en su programa Ciudad Capital un tema particularmente incómodo, actuaciones ilegales premeditadas y planeadas al interior de la Policía Municipal y de la Fuerza Estatal de Seguridad, lo cual se suma a los constantes actos evidenciados de corrupción, abusos de autoridad y cateos ilegales protagonizados por las corporaciones policiales.
El ataque, subrayó, no fue casual, “pero esto sí quisiera que se centrara como lo que es a nombre de mis compañeros periodistas, que es un ataque a la prensa, es hoy porque eras víctima, pero la verdad es que no solamente es en los medios de comunicación […] sino que también es el derecho de la población a estar informada”.

El comunicador, con 17 años de trayectoria, recordó que había enfrentado amenazas y campañas de desprestigio, pero nunca un ataque físico directo, la diferencia, aseguró, es que esta vez no solo se intentó intimidar, sino callar una voz crítica en el espacio público.
Las consecuencias fueron inmediatas, la productora donde se grababa Ciudad Capital cerró tras el incidente, el programa, que servía como plataforma de análisis y denuncia, quedó suspendido.
Hoy, dijo, realiza coberturas acompañado de un agente de la Fiscalía, pero no se siente libre. “Estoy con el miedo de si alguien me saluda, si alguien me pide algo, no saber cómo reaccionar. Y es donde he limitado realmente mi ejercicio periodístico e incluso yo soy reportero de calle y cubrimos toda la ciudad. Por eso hay un miedo de que esta persona continúe en libertad”, compartió.

En su declaración, el periodista no solo identificó plenamente a uno de los agresores, sino que también apuntó hacia lo que considera la autoría intelectual del ataque: el teniente coronel Jorge Enrique Medina de Jesús, de la Fuerza Estatal de Seguridad Ciudadana.
“Un hombre de poder militar y a quien yo asumo que es la persona, el autor intelectual. Pero acá los autores materiales consumaron el hecho que era golpearme y además lo hicieron”, denunció.
El señalamiento abre un flanco delicado, la participación de mandos policiales en ataques contra periodistas, un fenómeno que agrava la crisis de confianza en las instituciones de seguridad.

La audiencia se convirtió así en un espacio donde no solo se procesó a un imputado, sino donde quedó registrado un testimonio que trasciende lo personal.
“Y que él me está viendo y que él sabe que me golpeó y la manera en la que apuntó su puño contra mí, y con la misma mirada amenazante, pero ahora sí, el vestido de naranja y sabedor de que me golpeó y que pudo haber sido peor […] pero al final del día, pues la agresión física ahí está, la afectación psicológica también, pero me da el valor como periodista de exigir, obviamente, justicia y de decirle en su cara que el fue el que me golpeó”, concluyó.

El caso de Jorge Heras no se reduce a una carpeta judicial, se suma a un patrón de violencia contra periodistas en la región, donde el ejercicio de informar se ha convertido en una actividad de riesgo; la diferencia es que esta vez, la censura no fue encubierta, fue a golpes, a plena luz del día y frente a la comunidad.


