Violencia familiar alcanza hasta a 17 hogares diariamente; tres años con las mismas cifras y ninguna política efectiva

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Mexicali.- En la capital del estado, la violencia familiar se ha consolidado como uno de los delitos más persistentes y dolorosos, la narrativa oficial suele insistir en que el aumento de denuncias es “una buena señal”, porque según las autoridades, significa que las víctimas “ya no se quedan calladas”; sin embargo, una revisión de los últimos tres años muestra una realidad distinta, las cifras no varían sustancialmente y el fenómeno se mantiene prácticamente en los mismos niveles.

En Mexicali, la violencia familiar se ha mantenido prácticamente igual en los últimos tres años, durante el periodo de enero a agosto, se registraron 3,983 casos en 2023, 3,848 en 2024 y 4,185 en 2025, siempre en un rango cercano a las 4 mil carpetas de investigación anuales .

La realidad es que los datos reflejan un problema estructural que ni disminuye ni se atiende con eficacia, y que afecta a un promedio de 16 a 17 familias por día, no hay indicios de que las víctimas estén denunciando más; lo que hay es un patrón de violencia que ha infectado la vida doméstica mexicalense.

El verdadero fracaso está en la política pública, las órdenes de protección suelen quedar en papel y los programas de prevención rara vez llegan a los hogares que más los necesitan.

La ausencia de acompañamiento psicológico integral, de mecanismos de seguimiento y de políticas sostenidas ha convertido a la violencia familiar en un problema crónico.

Aunque las autoridades prefieren interpretar las cifras como un signo de confianza institucional, cuando en realidad mantienen casi cuatro mil casos año tras año, este escenario no puede leerse como un logro, sino como una herida abierta que no cicatriza.

La ironía es brutal, no hay más denuncias porque las víctimas hablen más, sino porque la violencia nunca ha dejado de estar ahí, instalada en la rutina de miles de hogares, el silencio ya no es de las víctimas, sino de la estructura de gobierno que a fuerza de repetir discursos se ha quedado sin respuestas reales.