Mexicali.— Cuestionada directamente sobre el caso de Vanesa Lizbeth Zavala Meza, la mujer de 31 años que murió tras una cesárea realizada por el médico Juan Carlos Martinez en una clínica privada y un posterior peregrinar por hospitales públicos, la dirigente sindical del sector salud, Virginia Noriega, optó por no responder a los señalamientos de influencias para deslindar de responsabilidades a su hijo en el fallecimiento de la joven madre de familia.

“Ese tema tampoco es aquí… no te voy a responder eso, por favor sé respetuosa conmigo”, dijo en tono visiblemente molesto, al ser interrogada sobre los señalamientos de posible influencia en favor de su hijo, el ginecólogo Juan Carlos Martínez Noriega, médico que atendió a Vanesa y realizó la cesárea.
La respuesta, más que cerrar el tema, lo profundiza pues no se trata de una pregunta fuera de lugar ni de una impertinencia, se trata de la muerte de una mujer joven, madre de dos hijos, en un contexto donde confluyen la medicina privada, hospitales públicos y figuras con poder político y sindical.

Virginia Noriega argumentó que encabezaba un movimiento por el desabasto de medicamentos y que ese era el único tema a tratar, sin embargo, su calidad de líder sindical histórica, con influencia directa en el sector salud, vuelve inevitable el cuestionamiento cuando su hijo es señalado en un caso que hoy investiga la familia por su propia cuenta.
El caso del fallecimiento de Vanesa, ocurrido en mayo tras una cesárea en la clínica privada Quiroz, tomó un giro inesperado luego de que un especialista forense contratado por su familia detectara posibles irregularidades en el útero registrado por el Servicio Médico Forense (SEMEFO) como perteneciente a la paciente.

De acuerdo con la familia, el órgano entregado en los peritajes médicos se concluyó que no presenta el corte característico de una cesárea, además de mostrar incisiones adicionales que no coinciden con ningún procedimiento realizado a Vanesa.
Mientras la familia de Vanesa busca expedientes, respuestas y verdad, la dirigente sindical decide marcar distancia; no aclara, no niega, no explica. Solo corta la conversación. Y en un caso donde la transparencia es clave, ese gesto dice más de lo que calla que de lo que defiende.


