Mexicali.- La estrategia para no mezclar a los nuevos agentes de la Fuerza Estatal con los policías veteranos se ha convertido en el eje más revelador del proyecto Proteo 425, presentado por el secretario de Seguridad Ciudadana, Laureano Carrillo; más allá del discurso de renovación, la medida exhibe un reconocimiento implícito, las prácticas arraigadas de la antigua Policía Estatal Preventiva “los Pepos”, continúan dentro de la corporación y representan un riesgo para cualquier intento de cambio profundo.

Carrillo explicó que los elementos recién egresados de la academia operan en grupos especiales separados, con una “mística” distinta, sustentada en disciplina, honor y servicio, el diseño evita la convivencia operativa con cuadros antiguos y apuesta por una formación ética cerrada, como antídoto frente a inercias institucionales que durante años fueron normalizadas.

La narrativa oficial presenta la separación como fortaleza; en los hechos, funciona como un bloqueo preventivo frente a un pasado que no termina de depurarse.
El proyecto inició con 67 agentes jóvenes, de entre 20 y 25 años, ya desplegados en La Rumorosa, Tecate y San Quintín, con resultados operativos en detención de objetivos y, según la autoridad, sin quejas ciudadanas en más de seis meses de trabajo.
Proteo (en alusión al dios griego de la transformación), pretende simbolizar un cambio de forma del modelo policial, no sólo un relevo generacional.

La proyección a siete años busca consolidar 700 agentes formados bajo esta estrategia y énfasis en la “no mezcla”, sin embargo, deja claro que la transformación no parte de cero, sino de una ruptura deliberada con prácticas heredadas de lo llamados “pepos”.
La extinta Policía Estatal Preventiva (PEP), conocida como “Pepos”, acumuló señalamientos por vínculos con el crimen organizado, corrupción estructural y colusión interna, señalamientos que se acrecentaron durante las administraciones de los ex gobernadores José Guadalupe Osuna Millán y Francisco “Kiko” Vega.

Incluso dentro de sus antecedentes más graves como corporación de seguridad, fue acusada de sembrar evidencia, fabricar delitos, cometer detenciones arbitrarias y abusos de autoridad. Estos patrones generaron profunda desconfianza ciudadana y evidenciaron la falta de depuración real.

Al inicio de la administración del ex Gobernador Jaime Bonilla, la PEP se extinguió únicamente como identificación, pues el mismo personal operativo continuaba con las prácticas pero bajo el nombre de Guardia Estatal de Seguridad e Investigación (GESI).

Con la llegada de la gobernadora Marina del Pilar y el ex secretario de seguridad Gilberto Landeros crearon la Fuerza Estatal de Seguridad Ciudadana, corporación que en los últimos años también se ha protagonizado violaciones a los derechos humanos, faltas graves en protocolos policiales e incluso en conductas delictivas.


