Víctima sobrevive a violencia extrema de su expareja pese a denuncias previas y protección vigente

Por:

Mexicali.– El caso de Pamela Malo Contreras expone una constante incómoda para las autoridades preventivas, denunciar no siempre detiene la violencia; el lunes 16 de marzo, su expareja, Estarli Joe “N” la agredió físicamente en su lugar de trabajo en una farmacia de la conocida Plaza Naranja pese a existir antecedentes de violencia y medidas de protección vigentes.

“Le dije tres veces tranquilízate porque me estaba insultando, dije tranquilízate, tranquilízate y yo creo que al segundo, tercero tranquilízate que le dije se me vino encima”, compartió.

La historia no inicia ahí, durante la relación, que se extendió por poco más de un año, Pamela identificó señales tempranas de violencia, desde conductas de control, agresiones verbales y un entorno que normalizaba el maltrato, con el tiempo, la violencia escaló. La separación, ocurrida a finales de 2023, no significó una ruptura real del riesgo.

En 2025, tras un episodio de agresión, acudió a las autoridades y obtuvo medidas cautelares, sin embargo, el reciente ataque evidencia su fragilidad, pues según su testimonio, el agresor llegó tras una discusión previa y, en cuestión de segundos, la sometió físicamente. Solo la intervención de terceros evitó que la agresión continuara y escalara a lesiones más graves.

“llegamos a audiencias, a acuerdos y ahora estoy presentando otra denuncia porque ya no fue una agresión media, no fue violencia psicológica, no fue que me rompiera algo porque acostumbraba también romperme mis cosas o llevárselas. Ahora sí fue de que si alguien no llegaba a ahuyentarlo, yo no estaría aquí, él no tenía planes de soltarme”, recordó Pamela.

Lejos de detenerse, el hostigamiento persistió tras hacerse público las imágenes captadas por cámaras de seguridad que evidenciaron la agresión; mientras rendía su declaración ante la Fiscalía, recibió mensajes con amenazas desde cuentas falsas, cuyo contenido ya forma parte de la investigación.

“Que él sabía por qué había hecho las cosas, que se viniera lo que se tuviera que venir y que él iba a aceptar sus actos, algo así decía, no lo leí yo muy bien”; la respuesta de la Fiscalía Estatal ha sido la ampliación de medidas de protección.

El caso revela un patrón, la violencia insiste y encuentra espacios incluso dentro de los márgenes legales, las medidas cautelares, diseñadas para prevenir, terminan operando de forma reactiva, sujetas al incumplimiento de quien decide ignorarlas.

“Pues espero que ya deje de hacer, cualquier cosa que esté planeando su mente o que me quiera dañar; yo hacer mi vida y las consecuencias que él llegue a tener, como dijo en su mensaje, que las acepte por lo que hizo y que no se justifique porque no hay justificación”, finalizó.

Pamela enfrenta ahora no solo las secuelas físicas y emocionales, sino un escenario de incertidumbre, su testimonio no es aislado pues decenas de mujeres comparten esa realidad, más amplia, donde la protección institucional no alcanza a brindar realmente entornos seguros.