Glosa de seguridad con preguntas de manual; regidores evitan incomodar a Director de Policía ante desconfianza, cifras dudosas y crisis interna

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Mexicali.- La sala de Cabildo lucía llena, aunque el ambiente era tibio. Se esperaba una glosa intensa para profundizar en el eje de más crudeza social, “Mexicali Seguro y en Paz” del primer informe de gobierno del XXV Ayuntamiento; sin embargo, la glosa transcurrió sin sobresaltos, los regidores se limitaron a formular preguntas de trámite, comentarios predecibles, frases de reconocimiento, ninguno pareció dispuesto a incomodar al director de Seguridad Pública Municipal, Luis Felipe Chan, quien comparecía ante ellos para explicar los resultados de un año marcado por la violencia, la rotación de mandos y la desconfianza institucional.

Lo que debió ser un espacio de rendición de cuentas terminó convertido en una sesión de cortesía política; Chan, con su característico tono prudente, enfrentó la glosa con dificultades para explicar cifras, redundando en respuestas que dejaban más dudas que certezas. Aun así, ningún regidor pidió contrarréplica. Las preguntas quedaron flotando en el aire, como si la inseguridad, ese tema que atraviesa la vida cotidiana de los mexicalenses, fuese un terreno que nadie quiere pisar demasiado fuerte.

“Yo creo que más allá de presumir estos números, y lo decía la vez pasada, pues creo que hay que buscar ser más real con lo que pasa allá afuera.”, dijo el regidor panista Rudecindo García, uno de los pocos que decidió ir más allá del libreto.

Pues ante las cifras expuestas por el titular de la DSPM ejemplificó en que solamente se hace un recorrido de proximidad por turno, tres pláticas de prevención al mes y menos de veinte detenciones por día que no reflejan la magnitud del problema que vive la ciudad.

Chan intentó sostener la narrativa institucional, pues explicó que los datos que presentó eran “propios y verificables”, aclarando que algunas cifras correspondían únicamente a la Subdirección de Prevención del Delito, no al área operativa.

A lo largo de la sesión, el funcionario buscó matizar los cuestionamientos recordando que, pese a los cambios en la dirección, el trabajo policial “no se detiene”, sin embargo, reconoció que el periodo ha sido “truncado”, una palabra que resume el caos administrativo de los últimos meses, tres directores en menos de un año, estrategias fragmentadas, equipos desarticulados.

Cada titular llegó con su estilo, y algunos con su reputación. El más polémico, sin duda, fue Julián Leyzaola Pérez, exmilitar acusado de violaciones a derechos humanos en Tijuana y Ciudad Juárez, quien asumió brevemente el mando en Mexicali antes de ser removido, su paso dejó más tensiones que resultados, un eco que todavía resuena dentro de la corporación.

Cuando se le preguntó sobre los resultados, el director habló de una reducción del 17% en la incidencia delictiva general, aunque admitió que su estadística se basa a los datos de la Fiscalía General del Estado (FGE), institución investigadora que recientemente ha sido señalada por el comité ciudadano de seguridad por “manipular”, la incidencia.

Ante los cuestionamientos, Chan reiteró que la operación diaria se mantiene dentro de los parámetros esperados, y negó que existan discrepancias con las cifras de la Fiscalía General del Estado.

“Pues nos basamos en lo que publica la página de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, que finalmente se alimenta con las denuncias que la Fiscalía General del Estado mes por mes elabora. Entonces, ya el tema de que si es o no manipulable, pues no, sé, ya no me metería yo en ese tema”, afirmó, cuestionado previo a la glosa, en alusión a las críticas del presidente del Consejo Ciudadano de Seguridad Pública, quien acusó al Estado de “maquillar” los números para mostrar una reducción irreal del delito.

Sin embargo, las explicaciones no lograron disipar el tono de duda que persiste en la comunidad mexicalense.

El resto del Cabildo permaneció en silencio. Preguntas de trámite, agradecimientos formales y promesas de “dar seguimiento” se sucedieron una tras otra, sin réplica ni contraste.

Los regidores de Morena y aliados evitaron presionar a Chan; nadie pidió precisión sobre la falta de cámaras, los protocolos para atender casos de violencia familiar o la respuesta tardía ante los recientes hechos de alto impacto en el Valle.

El ejercicio, en apariencia de rendición, terminó siendo un diálogo sin fricción. Una glosa sin glosa.

Fuera del recinto, las cifras tienen otro rostro, pues en el último año, la Dirección de Seguridad Pública Municipal ha estado en el centro de episodios que han minado su credibilidad ante la ciudadanía.

En julio, un joven identificado como Steven murió tras una persecución policial en el ejido Cucapah Indígena, donde participaron agentes municipales, la versión oficial habló de una colisión; los familiares señalaron exceso de fuerza y “plantación” de drogas.

Semanas después, una oficial fue detenida por su presunta responsabilidad en el caso conocido como “la taquería Cali”, donde un violador huyó impunemente ante la presencia de policías municipales luego de un reporte mal atendido.

También se registró el asesinato del subcomandante de la zona Valle de Mexicali, acribillado frente a su domicilio y cuyo crimen continúa en la impunidad.

Casos recientes de policías investigados por vínculos con grupos delictivos, y denuncias internas por corrupción, abuso de autoridad y desaparición de evidencia en operativos. Todo ello, mientras la corporación operaba con déficit de patrullas, falta de combustible y turnos extendidos.

A pesar de ese contexto, durante la glosa ningún regidor pidió explicaciones directas sobre esos casos. Nadie exigió informes públicos sobre las investigaciones abiertas ni solicitó medidas de reparación institucional. El contraste entre la realidad policial y el discurso político fue evidente.

El encuentro concluyó entre aplausos tibios y gestos de alivio. Chan se retiró con la misma calma con la que llegó, rodeado de asesores y funcionarios; al finalizar algunos regidores hablaron de “seguir trabajando juntos”, otros se apresuraron a salir tras más de tres horas de glosa.

En las calles, la sensación es distinta. Para muchos mexicalenses, la policía sigue siendo una institución distante, frágil y desconfiable. Una corporación que, como la glosa de este miércoles, parece atrapada entre la estadística y la intervención política.