“Me mataron a mi niño”: familia de Steven exige justicia por su muerte tras supuesta persecución policial en Cucapah Indígena

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Mexicali.- “Salió solo por un bote de nieve… y ya no volvió”. Así lo recuerda Nora Lizeth, madre de Steven Arámbula, el joven de 20 años que murió el pasado 31 de julio tras una presunta persecución en el ejido Cucapah Indígena; la versión oficial indica que Steven portaba un arma y droga, pero su familia sostiene otra versión: no solo niegan esos señalamientos, también denuncian un intento de encubrir un uso excesivo de la fuerza por parte de los agentes municipales.

La noticia llegó a Nora mediante una llamada telefónica. “Me dijeron que había habido un choque a la orilla del ejido… y que era mi hijo”, recordó con la voz quebrada. En su testimonio, asegura que el joven había salido minutos antes solo para ir a comprar un bote de nieve. Esa fue la última vez que lo vio con vida.

“Mi hijo era un niño bueno, trabajador, donde quiera lo conocían, le decían el Tibi, el Güero, el Tibiringuis. ¿Usted cree que si hubiera sido un muchachito malo tanta gente hubiera venido a despedirlo?”, cuestiona, dolida, mientras recuerda la multitud que llenó el patio de su casa y las calles del ejido para acompañarlos en el funeral. Incluso un grupo de danzantes participó en el cortejo.

En contraste con ese respaldo comunitario, la familia enfrentó una narrativa oficial que los dejó aún más consternados. Las primeras versiones difundidas en medios locales, basadas en informes policiacos, apuntaban a que Steven huía de una patrulla, que arrojó droga durante la persecución y que estaba armado.

“Eso es completamente falso”, afirma su madre con firmeza. “Quieren lavar sus manos manchando el nombre de mi hijo. Pero yo quiero justicia. Esos dos policías me lo mataron”.

La familia asegura que hasta ahora nadie de la corporación se ha acercado para explicar lo sucedido. La investigación se encuentra en la Fiscalía General del Estado (FGE), tras ser denunciados ambos policías por los delitos de homicidio y daños en propiedad privada, piden que cualquier persona que tenga videos o información sobre los hechos se los haga llegar.

La comunidad del ejido y de zonas aledañas ha manifestado un respaldo inusitado; Araceli, tía de Steven, relata cómo han recibido mensajes de apoyo de personas que ni siquiera conocían. “Lo que en su momento leímos que pasaba en otros ejidos, ahora lo vivimos en carne propia. Aquí en Zacatillo, por ejemplo, han aventado la patrulla a niños, han bajado a menores de edad que van a la tienda. Ya nadie confía en la policía”.

El miedo es tangible. “Cuando veo una patrulla, prendo el teléfono. No sé si me van a parar, si me van a hacer algo. No confiamos, ni nosotros ni la comunidad”, dice Araceli.

Lo que más les duele, asegura, es que después de su muerte, en lugar de esclarecer los hechos, se buscó criminalizar a Steven. “¿Cuál era el afán de querer manchar su nombre? Limpiar el de ellos”, acusa.

Steven tenía planes. Había estado arreglando un vehículo durante meses, quería construir una banqueta en su casa, remodelar su cuarto. No tenía problemas con nadie. “Era un niño calmado, noble”, repite una y otra vez su madre. La acusación de que portaba droga y un arma les resulta no solo injusta, sino inverosímil.

Nora lanza un llamado directo a las autoridades: “Le pido a la gobernadora Marina del Pilar, a la alcaldesa Norma Bustamante, que me ayuden, que esto no quede impune. Me tocó a mí, pero no quiero que otra mamá sufra lo que yo estoy sufriendo”.

Quieren justicia, pero también quieren algo más profundo: limpiar el nombre de Steven. “lo único que queremos es limpiar el nombre de mi sobrino y en cuestión de lo que tenga que pasar con los policías y eso, pues lo dejamos al sistema de gobierno.”, dice su tía.

Mientras tanto, en Cucapah Indígena, queda la imagen de una comunidad que se volcó en solidaridad, de una familia lastimada por la tragedia; y de una madre que, con el corazón desgarrado, grita lo que cualquier madre en su lugar haría: “Quiero justicia para mi niño”.