Mexicali.– La tranquilidad que solía caracterizar a la Facultad de Ciencias Administrativas (FCA) de la Universidad Autónoma de Baja California se quebró la noche del miércoles 24 de septiembre, cuando Gustavo, estudiante de 18 años, fue brutalmente golpeado a las afueras del plantel por dos sujetos que, según versiones estudiantiles, no pertenecen a la institución.
El ataque, que le provocó una fractura de mandíbula y lo mantuvo hospitalizado varios días, derivó en una protesta estudiantil que ha puesto en la mira la seguridad en la UABC.

La comunidad universitaria reaccionó con indignación, este lunes, los estudiantes universitarios bloquearon parcialmente el bulevar Río Nuevo con pancartas y consignas que exigían seguridad, transparencia y un replanteamiento de los protocolos de vigilancia en la facultad.
Los alumnos que participaron en la movilización, coincidieron en que la omisión de los guardias de seguridad, sumada a la falta de información clara por parte de la dirección, incrementó el malestar.

El estudiante Gael Acosta fue uno de los más críticos, pues denunció que los vigilantes “no ofrecieron ayuda hasta que el muchacho ya estaba tirado” y acusó que los guardias suelen distraerse con el teléfono en lugar de atender situaciones de riesgo.
También reprochó la falta de claridad de las autoridades: “Primero nos dijeron que el compañero estaba dado de alta, cuando en realidad apenas iba a ser operado. Fue la mamá quien tuvo que salir a desmentirlo”.

A esta voz se sumó la alumna Mariel Flores, quien compartió la sensación de vulnerabilidad que dejó la agresión: “Yo me sentía segura en la universidad, pero ahora pienso que pude haber sido yo. Lo más injusto es que el compañero tuvo que caminar herido hasta sentirse a salvo, porque ni los guardias ni los compañeros reaccionaron en ese momento”.
Su testimonio refleja no solo el temor personal, sino el desconcierto colectivo de una comunidad que esperaba mayor respaldo institucional.

Ante las críticas, la directora de la FCA, Sósima Carrillo, fijó postura y condenó enérgicamente la agresión, además que aseguró que la universidad “está comprometida con la seguridad integral de los estudiantes”.
Relató que desde el primer momento se brindó apoyo médico, jurídico y psicológico a Gustavo y a su familia, con quienes mantienen comunicación diaria. Explicó que la facultad cuenta con 14 elementos de seguridad para cerca de cinco mil alumnos, un número que calificó como insuficiente, aunque aclaró que se ha solicitado apoyo municipal para reforzar los patrullajes.

Carrillo anunció la implementación de nuevas medidas como cambios en el personal de vigilancia, reforzamiento de iluminación en zonas vulnerables, instalación de una torre de seguridad y la coordinación directa con la Policía Municipal para responder en caso de emergencias.
Respecto a las críticas sobre la inacción de los guardias, sostuvo que “existe desinformación” y afirmó que el 911 y la Cruz Roja fueron alertados en cuanto se percataron del ataque, aunque admitió que los rondines de los vigilantes pudieron limitar su reacción.

Para los alumnos, la seguridad es más que un protocolo; es la garantía de que su espacio educativo no se convertirá en escenario de violencia. La agresión a Gustavo no solo fracturó huesos, sino también la percepción de seguridad en la FCA.


