Mexicali.— Paredes ennegrecidas, muebles destruidos, escombros y espacios vacíos son ahora el paisaje de un hogar que, hasta hace unos días, resguardaba la vida de María Elena Estrada Guerrero y su nieta.
El incendio consumió prácticamente todo lo que había dentro de la vivienda, ubicada en el fraccionamiento Misión de San Ignacio; camas, muebles, refrigerador, ropa, cobijas y artículos personales quedaron reducidos a cenizas, mientras la estructura permanece en pie como uno de los pocos vestigios de lo que alguna vez fue su hogar.

La tragedia ocurrió durante la madrugada, después de que un apagón las obligara a pasar la noche en casa de una vecina, alrededor de las 6:00 horas fueron alertadas de que la vivienda estaba en llamas. Cuando regresaron, el fuego ya había hecho estragos.
Hasta el momento se desconoce qué provocó el incendio, lo que sí quedó claro es la magnitud de las pérdidas y el difícil panorama que enfrentan ahora ambas.

María Elena vive con su nieta, quien cursa educación especial y también perdió sus pertenencias y materiales escolares, aunque ninguna resultó lesionada, la pérdida material representa un golpe especialmente duro para una familia que depende de apoyos para salir adelante.
En medio de la desgracia, la solidaridad de los vecinos se convirtió en su principal respaldo. Algunos ayudaron a retirar los escombros, limpiar y pintar la vivienda, otros han proporcionado comida, ropa y cobijas, e incluso ofrecieron un espacio para que María Elena pudiera dormir mientras intenta recuperar algo de estabilidad.

La ayuda, sin embargo, todavía es insuficiente; entre las principales necesidades se encuentran una cama, ropa para ambas, cobijas, alimentos y un cilindro para la estufa, además de artículos básicos que les permitan recuperar gradualmente las condiciones de un hogar.
Los vecinos han comenzado a tocar puertas y recurrir a los medios de comunicación para solicitar apoyo, convencidos de que una tragedia así puede ocurrirle a cualquiera.

Hoy, entre las paredes marcadas por el fuego, queda poco de aquel hogar. Pero también permanece algo que las llamas no pudieron consumir, la solidaridad de una comunidad que se niega a dejarlas solas.
