Mexicali.- Luego de denunciar públicamente amenazas de muerte y presunto cobro de piso, Gabriela Ponce, propietaria del Bazar de Gaby en Mexicali, reabrió su negocio acompañada por autoridades y respaldada por una fuerte movilización comunitaria que evitó el cierre definitivo del establecimiento.
La comerciante había anunciado inicialmente el cierre de sus operaciones tras recibir un mensaje intimidatorio dejado por un sujeto en motocicleta, quien se presentó como miento del Cartel Jalisco Nueva Generación y exigió pagos bajo amenazas de incendiar sus negocios además de asesinarla junto a su hijo.

Sin embargo, tras la viralización del caso, Gabriela informó que autoridades municipales y estatales respondieron, iniciando medidas de protección e investigación. Entre los primeros hallazgos, explicó que el botón de emergencia del bazar estaba desconfigurado, por lo que, aunque fue activado en varias ocasiones, no enviaba señal efectiva a corporaciones de seguridad.
“En la mañana llegaron oficiales, ahí están oficiales, me han hablado para ver cómo me siento, sí, la verdad sí y pues le agradezco al pueblo, a todos los que somos la comunidad por haber alzado la voz y pues que estemos juntos la verdad muchísimas gracias a todos por estar aquí pues.”, declaró.

Ponce afirmó que desde entonces ha recibido acompañamiento constante por parte de fuerzas de seguridad, incluyendo vigilancia en su negocio y domicilio, además de atención de unidades especializadas, a lo cual reconoció que ese respaldo fue fundamental para decidir continuar.
“Yo pensé que la gente iba a tener miedo de venir. No, la verdad, yo dije no van a venir, van a tener miedo, o sea, se acabó el negocio. ¿Y cómo te sientes al ver todo esto? Híjole pues, qué te puede decir un chorro de señoras mayores, es que no, niños, de todo, la verdad me siento muy apapachada”, sostuvo.

A la par, destacó el apoyo masivo de clientes, comerciantes, adultos mayores y vecinos, quienes acudieron al bazar para expresar solidaridad. La empresaria señaló que su mayor temor era no solo por su seguridad, sino por evitar que, en caso de una tragedia, su familia quedara marcada por rumores o falsas acusaciones.
Aunque admite que continúa viviendo con temor, Gabriela aseguró que la respuesta ciudadana y oficial transformó una experiencia de terror en una muestra de resistencia colectiva, convirtiendo al Bazar de Gaby en símbolo local de unidad frente a la intimidación criminal.
